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¿Cómo funciona el climatizador del coche?

Hasta hace unos años el climatizador era un elemento opcional al alcance de muy pocos coches y bolsillos. La mayoría de coches no disponían de elementos de climatización interior, y tan solo los modelos más caros podían hacer uso de él. Sin embargo, a día de hoy es raro encontrar un coche que no venga de serie con aire acondicionado o con climatizador. De hecho, los modelos actuales más avanzados incluyen sistemas de climatización particulares para cada sección del coche, divididos en dos, tres e incluso cuatro zonas. Pero ¿sabemos realmente qué es y cómo funciona un climatizador?

Lo que sí sabemos es esa incómoda sensación de calor en verano y frío en invierno. Cabe distinguir entre aire acondicionado y climatizador. Aunque ambos elementos parezcan lo mismo, la realidad es que son diferentes. El aire acondicionado tradicional trabaja con un flujo de corriente. Nosotros podemos seleccionar frío o calor y más o menos cantidad. Por decirlo de una manera sencilla, no podemos gestionar de forma precisa la temperatura que queremos dentro del coche, mientras que el climatizador sí.

 

Un climatizador consigue generar frío o calor en función de la demanda del usuario, pero a diferencia del aire acondicionado se puede seleccionar la temperatura concreta. De esta manera el sistema regula el caudal y la intensidad de forma automática para alcanzar dicha temperatura, siendo más agresivo cuando la diferencia térmica entre el ambiente y la fijada por el usuario es más grande. Por supuesto el conductor o los pasajeros tienen la capacidad de gestionar el equipo de forma personal, añadiendo o restando potencia.

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¿Cómo funciona el climatizador del coche?

 

En los albores del automovilismo la única forma que había de acondicionar la temperatura del interior era utilizando enormes cantidades de hielo removidas por un ventilador. La climatización estaba rescindida únicamente a grandes centros que utilizaban enormes máquinas para controlar la temperatura. Con el paso de los años, allá por la década de los 40, el mundo del automóvil empezó a disfrutar de estas ventajas gracias a una reducción de escala de las máquinas de refrigeración. El siguiente paso fueron los climatizadores modernos que tenemos hoy en día.

 

La climatización se produce por la expansión de un gas licuado a cierta presión. El sistema está compuesto por diferentes elementos que permiten esta conversión: compresor, ventiladores, condensador, evaporador, manguitos, filtros y válvulas. A todos ellos hay que sumar un procesador que es, mediante conexión con sensores repartidos por el habitáculo, el que se encarga de evaluar y comparar las temperaturas para así gestionar los caudales del líquido refrigerante.

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Al programar una temperatura en el módulo de la climatización, el procesador pone en marcha el sistema. En un primer momento el compresor, conectado al motor mediante una correa, comprime el gas. Tras este paso el gas eleva su temperatura, así que se redirige al condensador que gracias a un ventilador y al flujo de aire exterior consigue reducir la temperatura hasta que el gas se condensa y pasa a estado líquido.

 

Acto seguido entra en juego el depósito deshidratador donde se filtra y se elimina la humedad. Desde el depósito el líquido deshidratado llega a la válvula de expansión donde se le aplica calor para iniciar el proceso de vaporización. Una vez que pasa a través de la válvula de expansión el líquido refrigerante se dirige al evaporador donde absorbe el calor del interior del habitáculo y se evapora completamente.

 

Hay que recordar que hablamos de un circuito cerrado. Es decir que una vez completado todo el proceso el refrigerante vuelve al compresor para transformar el compuesto y reiniciar la transformación. A cada ciclo que se completa el gas refrigerante sufre pequeñas pérdidas. Con el paso del tiempo el compuesto pierde eficacia y cada vez tendrá menos poder refrigerante. Por ese motivo cada cierto tiempo hay que recargar el sistema. Una tarea de mantenimiento no muy costosa pero que sí requiere de ciertos procesos y maquinaria.

Efecto similar es cuando se producen averías dentro del circuito de climatización. Fisuras en puntos clave, como el compresor o el evaporador, suponen grandes pérdidas de caudal que ocasionan una menor eficiencia del sistema. Por eso es conveniente revisar todo el conjunto de elementos de forma periódica para no llevarnos una desagradable sorpresa en una acalorada mañana de verano.

 

También es aconsejable poner en funcionamiento el climatizador de vez en cuando, aunque no se corresponda con la época del tiempo. De esta manera el gas, y los componentes del sistema, entran en funcionamiento y no se ven afectados por averías típicas del poco uso. Si seguimos todos estos consejos nuestro climatizador seguirá proporcionando confort durante mucho tiempo. Tampoco hay que olvidar que también está considerado como un elemento de seguridad, ya que su mal funcionamiento puede incidir sobre el estado del conductor y ser motivo de accidente o riesgo.

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un hombre sonriente con traje de negocios y los brazos cruzados

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